Dance, when you’re broken open. Dance, if you’ve torn the bandage off. Dance in the middle of the fighting. Dance in your blood. Dance when you’re perfectly free.

~Rumi

La gravedad me aplasta contra la cama. Siento la vibración de mi inexplorado campo energético, que aún late y se expande, unos centímetros por encima de mi nariz. Mis músculos se han rendido y se resisten a obedecer las órdenes de un cerebro ausente y desautorizado. La energía que he liberado, tras dos horas bailando, está ejerciendo su poder sanador. Me pregunto: ¿es esto lo que llaman felicidad?.

Me ha transportado a una noche cualquiera en Madrid, rendida en la cama tras una clase de danza. En cualquiera de mis habitaciones, porque he tenido varias. A veces en invierno, a veces en verano. A veces acompañada, muchas veces sola. He revivido la misma sensación; pero desde otro tiempo, desde otro lugar.

Lo que también ha cambiado respecto a aquel tiempo es mi nivel de conciencia. Y, maldita esa, eso se escribe mucho más rápido de lo que cuesta alcanzarlo. En un paso hacia adelante, mi nuevo hogar he dado la oportunidad de explorar el poder natural de la improvisación. Hablo de dejar que mi corazón tome las riendas de mi cuerpo los 7200 segundos que incluyen dos horas. Hablo de escabullirme de las estructuras coreográficas y compartir mi movimiento con un grupo de personas desconocidas y conocidas, en un amplio hall comunitario de techos altos color crema, durante un frenético viaje musical, donde los ritmos evolucionan, se entrelazan, enloquecen, pausan. Sin prejuicios, sin alcohol, sin hablar, sin cámaras. En un movimiento concebido como meditación que me ha transportado a la niña que se divierte, juega y se remueve en el suelo. Cuando la música ha parado, sólo nos esperaba el silencio, un cielo estrellado y un montón de coches mal aparcados.

Los que han estado cerca de mi el año pasado, saben que me alejé de la danza, incluso la rechacé. Ahora reconozco que, más bien, me aparté de ella para tomar perspectiva y llegar más lejos. Porque en realidad la danza siempre me ha salvado, me ha dado fuerzas para seguir caminando, para expresar mi tristeza, mi rabia y mi ira, para empoderar mi cuerpo, mi sensualidad y mi alma.

Hay algo que me sonroja y me alegra al mismo tiempo. Algunas de las palabras más hermosas que me han dicho surgieron después de verme bailar. Hace poco, me explicaron: “Mientras bailabas, te brillaba la mirada y una sonrisa cubría tu rostro, rebosando sensualidad y bienestar”. Si os soy sincera… yo simplemente me sentía muy libre, muy muy cerca de mi misma y muy lejos de casa.

Energy moves in waves. Waves move in patterns. Patterns move in rhythms. A human being is just that, energy, waves, patterns, rhythms. Nothing more. Nothing less. A dance.

~Gabrielle Roth, founder of 5Rhythms®

5Rhythms® is a Movement Meditation. A practice of being raw and real in the body; a medicine dance, an inquiry, an invitation.

The 5Rhythms® are states of being. They offer us a journey through different landscapes that inform, inspire, reveal and shape us.

The five rhythms are flowing, staccato, chaos, lyrical and stillness. They come together to create a wave.
Más info: www.facebook.com/5RhythmsGlobal/