Este lugar es secreto.

Así que mejor no me preguntes cómo llegar. De todas formas, creo que sería incapaz de indicarte. Y casi lo prefiero, así tengo menos peso sobre mis hombros.

Fue un largo camino en coche, de casi una hora, adentrándonos por las venas pseudo asfaltadas de las montañas que flaquean el Byron Shire. Tras cinco intersecciones de carretera por un bosque tropical, no hay manera de memorizar la pista. Y mira que yo soy una copiloto atenta. Pero …forget about it.

Estas montañas están repletas de arroyos (creeks), que crean pequeñas o grandes cataratas en su descenso fluvial. Ha sido una pacífica tarde de desconexión, agua fresca y algo de lluvia (por supuesto, que todo esto hay que mantenerlo verde de alguna forma).

Cuándo estaba allí, caminando entre rocas, hojas y raíces resbaladizas, extremadamente lenta y torpe, soltando interjecciones de treinteñera desfasada, pensé: qué perfecto caos es la naturaleza. Aunque ella sabía que yo no estaba mi territorio, que soy más de asfalto, de cerveza y de caos circulatorio, me ha aceptado tal y como soy con los abrazos abiertos. Y me ha regalado un par de horas esta música.